
Estamos viviendo una ofensiva autoritaria del capitalismo en crisis a escala mundial, especialmente en los países que se encuentran bajo la órbita de las potencias imperialistas de Occidente. Como en el pasado, las distintas formas de fascismos y autoritarismos se organizan en una alianza internacional con el objetivo de alcanzar el poder allí donde no lo tienen, y mantener su hegemonía allí donde se ve amenazada en la competencia mundial entre potencias —como es el caso de Estados Unidos y una Europa que se fascistiza rápidamente—.
De ahí que, aunque hayan diferencias matizadas entre las diferentes expresiones internacionales del nuevo fascismo, su programa común sea la destrucción más completa de todas las barreras sociales y legales a la explotación aumentada e intensificada de la humanidad y la tierra, una reorganización autoritaria de la sociedad capitalista actual —que no sólo refuerza policial y legalmente al capital, sino que también instala una política de persecución política y social de manera permanente—, la adopción de un nuevo conservadurismo que apunta a regular, controlar y vigilar en masa a las poblaciones —y, en específico, emprende una ofensiva contra las mujeres y las disidencias sexuales—, un supremacismo racial renovado —que hoy se expresa de manera clara en el apoyo internacional al Estado genocida de Israel— y un autoritarismo ultracapitalista que abraza abiertamente la idea de que quien no es económicamente solvente debe perecer, instalando de manera creciente como política del Estado el abandono de las protecciones sociales a los clases trabajadoras y empobrecidas.
En este contexto, América Latina vuelve a posicionarse como una región directamente intervenida por la acción conjunta de la expansión mundial de los nuevos fascismos y por la fascistización de diferentes fracciones de las burguesías y clases dominantes locales que comprenden que el autoritarismo ultracapitalista es una necesidad para la perpetuación del sistema en las actuales condiciones históricas. Se convierte, de esta manera, en una región clave para el cumplimiento del programa de reorganización autoritaria del capitalismo mundial en crisis, ya que permite asegurar poblaciones y naturalezas esenciales para la perpetuación de la acumulación de capital.
Sin embargo, a diferencia de hace poco más de medio siglo —cuando los movimientos subversivos y populares que emergieron con fuerza en América Latina entre las décadas de 1960 y 1970 amenazaron directamente el orden establecido—, el fascismo actual no enfrenta a movimientos de masas y guerrillas organizadas, sino que estamos ante una ofensiva autoritaria internacional de carácter preventivo. Su objetivo no es sólo aniquilar cualquier expresión potencialmente subversiva, también es suprimir cualquier cuestionamiento al orden capitalista actual. En tal sentido, se ha hecho evidente que esta ofensiva autoritaria es inseparable de la producción planificada de un estado general de adormecimiento e insensibilización de la población a través de distintos mecanismos de propaganda, consumo, control y manipulación emocional a través de medios científicos —por ejemplo, los algoritmos de redes sociales—. Que el genocidio de la población palestina en Gaza sea transmitido en vivo a todo el mundo, es una manifestación clara de este verdadero laboratorio planetario de la insensibilización global.
En este contexto, es que se dará una reunión clave de esta nueva internacional fascista en la región latinoamericana, específicamente en Chile. En esta reunión se darán cita algunos de los exponentes clave de este movimiento autoritario mundial, definiendo los puntos centrales de su programa común y los pasos a seguir para alcanzar sus objetivos de dominación, control y abatimiento de cualquier resistencia a la reorganización violenta del capitalismo que impulsan dentro de las fronteras de sus propios países y en todo el mundo.
Pese a que atravesamos un momento histórico profundamente reaccionario, es claro que la alianza fascista internacional sólo podrá ser contrarrestada por una fuerza histórica también internacional. De ahí la necesidad de organizar los grupos, afinidades e individualidades anarquistas para combatir y denunciar abiertamente, como en el pasado también lo hicimos, el auge del capitalismo fascista a escala mundial. Por ello, convocamos a cada unx de nuestrxs compañerxs en toda la región latinoamericana, para unificar nuestros esfuerzos en la agitación, denuncia y combate contra este encuentro de la nueva internacional fascista.
Es cierto que en el pasado ellos pasaron, pero el presente todavía no se ha cerrado y el futuro sigue abierto a la posibilidad de una revolución total en contra de este sistema. La dominación completa del capital no se ha consumado, prueba de ello es que aquí estamos, agitando y organizando la rabia, anarquizando la lucha en todas sus formas en América Latina.
Organizar la rabia, anarquizar la lucha.