
No hay una historia única, el golpe de estado de la burguesía chilena no solo derrocó un gobierno que pretendía hacer cambios desde el poder mismo, sino que masacró la organización popular, vecinal, juvenil, es decir a los sectores más conscientes y combativos del periodo.
Los partidos de los empresarios con el apoyo de EEUU generaron todas las condiciones para un golpe de estado, porque habían comenzado a tocar tímidamente sus bolsillos y algunos de sus privilegios.
Golpearon durante 17 años con torturas y muertes para imponer un sistema basado en la explotación, que solo los beneficia a ellxs, un sistema injusto que únicamente ayuda a los ricos y sus políticos. La democracia fortalece y profundiza el modelo que dejó afianzado la dictadura, al punto que hoy intentar distinguir entre la democracia neoliberal y la dictadura es tan infructífero para los que sufrimos la represión y el hambre como intentar distinguir entre 50 y 500 años de colonialismo.
Durante esos 17 años, se continuó golpeando todas las aspiraciones de autonomía del proletariado. Quisieron frenar un proceso de transformación social que venía creciendo con fuerza, persiguieron radios, publicaciones, sindicatos, coordinadoras, centros culturales, todo espacio que pudiera significar cambios sociales. Mataron, encarcelaron, torturaron.
Cada gobierno de la democracia ha fortalecido todas las medidas desmovilizadoras y despolitizadoras para los sectores populares, con leyes autoritarias, con programas basuras, con matinales tendenciosos, con precariedad, con agobio y, ahora, con la narcocultura que desarticula los territorios del abya yala.
Toda la miseria de hoy, el negocio que hacen con nuestras necesidades más vitales, es consecuencia del golpe,la dictadura y lo que va de democracia, porque el poder lo siguen teniendo los mismos grupos económicos, es la misma policía terrorista, el mismo ejército y los mismos pactos de silencio que garantizan que el negocio de los ricos siga gozando de buena salud.
Ahora nos toca hacernos responsables de lo que queremos y de la parte que nos tocó de la historia.
No creemos en partidos políticos ni en los lideres mesiánicos de las plataformas, queremos cambiarlo todo. Es necesario repasar la historia, repensar nuestras luchas, fortalecer los proyectos antiautoritarios, vivir la anarquía.
El conflicto no termina hasta acabar con el mundo de los privilegiados, con la sociedad carcelaria, con la tranquilidad de los violadores de derechos humanos, con los sueldos de hambre, la salud precarizada, las pensiones miserables, la crisis habitacional y otras asfixiantes condiciones de esta realidad tan charcha. Podemxs vivir mejor, vamos a vivir mejor, porque no vamos a esperar para reivindicar nuestras aspiraciones. La articulación es hoy, la hora de la revuelta es ahora.




