
Durante las últimas décadas nuestras poblaciones y centros de estudios fueron objeto de una estrategia para desarticular la resistencia y la rebeldía que, pese a toda la farsa de la transición, continuaba señalando un camino fuera de la institucionalidad y el capitalismo neoliberal que se instalaba. En este contexto tanto politicxs, empresarixs y aparatos represivos confabularon y perfeccionaron un plan comenzado en plena dictadura: la introducción a gran escala de distinto tipo de drogas a finales de los 80. Fueron poblaciones emblemáticas, liceos y universidades los blancos principales para intervenir teniendo efectivos resultados hasta el día de hoy.
Actualmente vemos como muchos de nuestros barrios se han convertido en espacios con muy baja organización, sometida a las dinámicas del narcotrafico y las policías, además del soplonaje de lxs mismxs vecinxs a los grupos de autodefensa y organización territorial, situación generada por la fuerte campaña mediática de la prensa por criminalizar o más bien, de poner en el mismo saco las expresiones de violencia política con el crimen común.
Hacemos un llamado a agitar de todas las formas contra este escenario, realizar acciones de propaganda en lugares donde transite la juventud consciente para enfrentar con ideas y en las calles la miseria del narcotrafico y lxs narcotraficantes, que son sólo otra cara de la moneda del sistema que combatimos.



